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Congresista estadounidense aboga por el mindfulness como solución global a los conflictos



"Una revolución silenciosa está ocurriendo en Estados Unidos"

Así lo afirma Tim Ryan, congresista de Ohio y autor de A Mindful Nation, que documenta la propagación de la meditación mindfulness  en  EE.UU. y argumenta a favor de su adopción generalizada como una forma de influir positivamente en el sistema nacional de salud, la economía, las escuelas y los militares.

Acaba de publicarse, el libro es importante, no tanto por lo que se dice - las pruebas de los beneficios de la atención se han ido acumulando en las revistas científicas en los últimos años -, sino quien lo está diciendo y cómo: un político electo en Washington defendiendo apasionadamente la meditación como una manera de atajar algunos de los problemas más graves a se que enfrenta su país. Ryan bromea refiriendose a una conversación que tuvo lugar en una conferencia reciente a la que asistía: "Ese es el congresista que ha escrito un libro sobre meditación", comentó un transeúnte. "¿En serio?" , dijo otro. "¿Va a seguir siendo un miembro del Congreso después de que el libro salga?"

Ryan no tiene porqué preocuparse. Las prácticas que recomienda provienen del budismo pero comúnmente se enseñan como disciplinas seculares. Ryan es católico y se posiciona de lleno en el lado occidental. El libro se subtitula "Cómo una simple práctica puede ayudarnos a reducir el estrés, mejorar el rendimiento y recuperar el espíritu americano". Se alinea con la atención plena en favor de  valores relevantes como la confianza, la perseverancia y la responsabilidad, así como con la suave conexión con la amabilidad, el cariño y la compasión". El libro se basa en abundantes datos clínicos, así como en entrevistas a científicos que han probado la atención plena con pacientes hospitalarios, escolares e incluso las fuerzas armadas (la práctica de la meditación mejoró la memoria de trabajo y el estado de ánimo de los marines del ejercito de EE.UU en el período antes de la invasión de Irak).

 



Algunos budistas están inquietos por la alternativa que ofrece el mindfulness. Mientras que los meditadores en los años 60 y 70 se aliaron con  otras culturas, este movimiento está sucediendo en el corazón mismo  de algunas instituciones muy conservadoras - banqueros, funcionarios públicos, médicos y consultores de gestión son algunos de los que están siendo entrenados en prestar atención mientras se comen una pasa (un ejercicio típico de la práctica del mindfulness) como una forma de mejorar no sólo el bienestar, sino también la productividad y la creatividad.
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A pesar de considerar los valores tradicionales americanos, Ryan en realidad puede representar un cambio radidal, al usar su influencia para impulsar un cambio en las actitudes y prácticas culturales, llevando quizás a menos búsqueda y más felicidad. Después de examinar la ciencia, y experimentar los efectos de la meditación en su propia vida, está convencido de que la atención plena "será el próximo gran movimiento en los Estados Unidos", y declara que: "Sería negligente en mis deberes como miembro del Congreso si no contribuyese a que la atención plena sea accesible al mayor número posible de personas en nuestro país ". (…)

Heartfulness

Esta mañana me he levantado pensando en una palabra que considero muy especial: heartfulness. La conocí por medio de un amigo, y aunque no logró convencerme del todo en aquel momento creo que finalmente lo ha conseguido, tal vez por pura maduración y digestión de una idea para la que yo probablemente no estaba aún preparado del todo. Ocurre a menudo, se necesita un tiempo para digerir lo nuevo, cada uno parecemos tener nuestro propio ritmo de asimilación.

En este foro venimos hablando habitualmente de "mindfulness" y de cuestiones en mayor o menor medida relacionadas con esta disciplina. Sin embargo creo que esta palabra, ya emblemática, además de representar un modo de actuar concreto también inspira una nueva forma de vida, en cierta medida más comprometida y solidaria. Por eso, la raíz de la palabra ("mind") chirría un poco en mis oídos. Probablemente se trate de una manía mía. Pero al mismo tiempo, cuanto más lo medito más me inclino a pensar que probablemente no haya sido muy acertado utilizar la palabra "mente" para designar un modo de vida en el que primordialmente se promueve el actuar desde el corazón.

Recientemente ha caído en mis manos un libro extraordinario. En el se describe el funcionamiento del corazón y se introduce la idea de una energía universal asociada a este órgano. De este modo el corazón no se limitaría a ser solamente una extraordinaria bomba de doble cámara sino que pasaría a representar el centro neurálgico gestor de nuestra existencia. Tanto energéticamente, generando un campo magnético cinco mil veces más potente que el genera el cerebro, como funcionalmente: almacenando en sus células nuestras más íntimas tendencias y actitudes ante la vida y todo lo que ella representa.

No planteo el creerse a pies juntillas lo que predica este libro, pero si pienso que su lectura puede sumirnos en una profunda reflexión acerca de nuestra  verdadera naturaleza. Nuestra razón de ser probablemente no esté tan vinculada al cerebro como actualmente se predica.

Realmente vivimos en una época en la que este órgano esta siendo idolatrado en gran medida como único responsable de nuestras experiencias. La moderna neurociencia parece en muchas ocasiones empeñada en encontrar los mecanismos cerebrales que hacen que nos sintamos de una manera determinada. Una vez descubiertos estos mecanismos se deduce una relación de causalidad directa entre ambos elementos. Pongamos, por ejemplo, que se observa que una región determinada del cerebro se activa cuando una persona siente alegría. De este hecho podría deducirse que esa alegría se produce gracias a la activación de esas áreas concretas del cerebro. En raras ocasiones se plantea otra posibilidad, sin embargo existen otras posibles interpretaciones.

Una explicación alternativa de esta causalidad nos viene dada al considerar el concepto de correlación. La correlación implica ocurrencia simultanea pero no causalidad. En este ejemplo, bajo una perspectiva de correlación, podríamos decir que cuando sentimos alegría se activan ciertas áreas cerebrales y punto Según este punto de vista la ocurrencia conjunta no implica que uno de los dos fenómenos haya sido originado por el otro.


Rizando aún más el rizo podríamos incluso afirmar que el estar alegre es lo que produce que ciertas áreas del cerebro se activen. La verdad es que en muchísimas ocasiones no hay modo alguno de saberlo: ¿estamos alegres porque se activan ciertas áreas del cerebro o el hecho de estar alegres es lo que origina que esto ocurra?
Marino Pérez hace una estupenda disertación relacionada con todo esto en su libro "El mito del cerebro creador". Como el bien afirma, nos encontramos en un periodo histórico de cerebro centrismo desmedido.

Esto me hace retomar mi reflexión inicial acerca del vocablo mindfulness. Creo que tal vez deberíamos utilizar otro vocablo distinto que haga referencia al corazón, quizás algo más cercano a nuestra experiencia, más mundano y menos teórico. Lo que es cierto es que el corazón continua siendo un gran misterio aún por desvelar.

Pensamiento rumiante


Haga usted lo que haga y esté donde esté, siempre acaba pensando lo mismo. Ha dedicado al asunto, llamémosle X, el tiempo y la energía equivalentes a una tesis doctoral. Sólo que no ha logrado título alguno; tampoco ha conseguido avanzar ni emprender nada nuevo. Está atrapado. Los psicólogos se refieren a este estado con el término de pensamiento rumiante. Es tan gráfico que no requiere más explicaciones.

Cuando se está en modo rumiante, se lleva esa bola X -que cada vez se hace más grande- de un lado a otro, se amasa, se nutre con nuevas ideas, se pasa a otro lado de la cabeza, se rumia un poco más, y cuando se cree que al fin va a ser expulsada, nos la tragamos otra vez. Lo peor es que mientras se rumian asuntos del pasado o elucubraciones de futuro, el presente -lo único real- pasa veloz delante de nuestras narices.

Las mujeres son más obsesivas, pero buscan más rápido la solución.

Cavilar gasta glucosa, el combustible del cerebro humano.
El psicólogo Xavier Guix asegura en su libro Pensar no es gratis (Granica, 2009) que cavilar demasiado no resulta ni siquiera barato. Nos hace gastar tiempo y energía: una inversión que puede ser inteligente o desastrosa. ¿Qué se hace cuando una inversión es equivocada? Se liquida y se busca un plan B. ¿Por qué una solución que vemos tan clara en asuntos económicos se nos escapa en otros aspectos? ¿Por qué nos cuesta tanto pasar página y parar de dar vueltas? "Rumiamos para entender nuestras emociones y nuestra relación con los demás", explica Guix. "Somos seres narrativos y necesitamos contarnos las cosas para que tengan sentido", agrega.

Pero ¿cuál es el coste de rumiar?: en primer lugar, se gasta glucosa, el combustible del cerebro. Cuando alguien dice que está agotado de pensar, es literal. Además, estos pensamientos generan y despiertan distintos estados de ánimo. "Al pensar influimos en nuestra química cerebral, y los pensamientos no son neutros, porque están construidos con imágenes, sensaciones y voces que actúan como estímulos para nuestros estados internos. Es así como podemos alegrarnos o destrozarnos el día, a golpe de pensamientos", asegura Xavier.

Las mujeres rumian más, lo que las hace, en opinión del psiquiatra Jesús de la Gándara, más vulnerables a las crisis. También son más flexibles y rápidas buscando la salida de emergencia y la solución, apunta el experto. "El fenómeno tan femenino de darle mil vueltas a todo aumenta la permanencia de los problemas en la conciencia y causa fatiga emocional. Nos perturba más la opinión que tenemos sobre lo que nos pasa que el hecho en sí mismo", dice Gándara. Otros psicólogos señalan que el hábito de las amigas de reunirse y tener largas controversias y debates acerca de lo que les pasa es un refuerzo emocional de gran valor, pero echa más leña al fuego y no ayuda a olvidar. Cuanto más se nutre la obsesión, más fuerte se hace y más espacio ocupa en la mente.

Lo curioso del pensamiento circular es que lo que hacemos para resolver el problema se acaba convirtiendo en el auténtico problema.

Por ejemplo, si cada vez que estoy 'pillado' busco refugio en los amigos, les lleno la cabeza con mis angustias y agoto sus energías, lo más normal es que me quede sin ellos. Lo que antes era una solución se ha convertido en un problema", aclara Guix. El objetivo es entonces parar de dar vueltas. ¿No se supone que el ser humano es una máquina de olvidar? Sin embargo, cuando se está en medio del mare mágnum no resulta fácil. "Una de las funciones de la mente, en concreto de la memoria, es ayudarnos a sobrevivir, a no repetir situaciones que en el pasado nos han hecho sufrir o nos han traumatizado", apunta Xavier Guix.

Pero como el hommo sapiens es también un animal contradictorio, usa el mismo mecanismo contra sí mismo y se queda demasiadas veces atrapado en lo que pasó o perplejo ante lo que pueda venir. Parar puede servir, entre otras cosas, para preguntarse: "¿Para qué estoy utilizando mi pasado?". "El pasado puede servir para justificarse, para crear una identidad o para ahondar en la adicción a determinados estados de ánimo a los que nos hemos acostumbrado", explica el psicólogo.

Salir del pensamiento rumiante requiere un esfuerzo. No va a ocurrir por casualidad. Si la persona se deja llevar, volverán los mismos pensamientos de siempre. La clave está, según Xavier Guix, en poner una distancia cada vez mayor entre el pensamiento y el pensador. "Si vivo identificado con lo que pienso y siento, no hay nada que hacer. A medida que somos capaces de observar el proceso de ida y venida de nuestros pensamientos nos damos cuenta de su fugacidad. Al poderlos observar, tenemos más capacidad para intervenir en ellos y decidir dónde ponemos la atención".




Las llamadas técnicas de parada de pensamiento no sólo existen, sino que, además, funcionan. Con dos condiciones: persistencia y disciplina. Se trata de una herramienta para interrumpir el diálogo negativo que las personas mantienen consigo mismas y que genera emociones desagradables. El primer paso es identificar el malestar, saber cuáles son los pensamientos o la secuencia de pensamientos "malditos". Algunos expertos recomiendan incluso que se verbalicen en voz alta. Se trata de identificar exactamente lo que hace daño y, entonces, buscar otra actividad para interrumpir esta cadena de pensamientos. Otros psicólogos recomiendan que se escoja "un estímulo de corte", es decir, un estímulo intenso que se pueda producir a voluntad y permita dejar de pensar (un ruido fuerte, una palmada, un "¡basta!"). La psiquiatra clínica Elena Borges invita a cambiarse físicamente de lugar, a irse a otra habitación, por ejemplo, o a iniciar una conversación con otra persona. "Hay que entrenar la atención y ser capaces de dirigirla hacia donde queremos, y no a la inversa", recomienda Guix.

Viajar con el piloto automático puede ser muy cómodo, pero deja a la persona en manos de sus hábitos mentales, y ya se sabe dónde puede llevarles esto. Estar haciendo mil cosas a la vez -la famosa multitarea- sin concentrarse demasiado en ninguna tampoco ayuda. La mente seguirá su chachareo habitual mientras no esté ocupada del todo.

Justamente en ocupar la cabeza a conciencia descansan las técnicas de la psicología moderna. Una de ellas es el mindfulness ("atención y conciencia plena del momento presente"): una teoría muy de moda repescada, cómo no, del budismo zen. Consiste, según explica Xavier Guix, en "estar en el presente y atento a la experiencia, pero sin precipitarnos en poner etiquetas". Es decir, concentrarse en los hechos, aceptarlos y no liarse a juzgar o a hacer interpretaciones.

 

Guía para controlar el runrún

Según el método de Xavier Guix:

1. Hacer dos o tres respiraciones profundas.

2. Puede cerrar los ojos, pero no es estrictamente necesario.

3. Concentre su atención en la respiración. Aparecerán pensamientos y emociones. Déjelos pasar. Imagine que coge ese pensamiento y lo traslada fuera de su cuerpo. Hay quien prefiere contar del cien al cero para alejar los pensamientos invasivos.

4. Cuando se sienta centrado, dirija la atención a las imágenes externas e internas que ve. Contémplelas sin más.

5. Luego haga lo mismo con los sonidos.

6. Después repita el esquema con las sensaciones corporales.

7. Finalmente, centre la atención sólo en su cuerpo y su respiración.

8. Procure estar en silencio el máximo de tiempo posible.


Fuente

Sabiduría cotidiana



Persigue las mariposas
y nunga las atraparás.

Observa las mariposas
y vendrán hacia ti.